Ante una decisión siempre tenemos dos opciones. Mínimo dos opciones. Decisión en la forma de actuar ante cualquier hecho que se nos presente en la vida. Una decisión desde la cuál nos sentimos separados del mundo, en el que pensamos que todo lo que nos pasa en nuestro exterior es ajeno a nosotros, de sentirnos víctimas y que no podemos hacer nada por cambiarlo. En el que pensamos que los que están afuera nos critican, nos juzgan o nos hacen daño.
Otra en la que nos sentimos uno con el todo, en el que entendemos que todo está unido, todo lo que nos pasa tiene que ver con nosotros, en el que nos sentimos responsables de nuestro propio bienestar, en el que tenemos la libertad y el poder de percibirlo como queramos.
¿Cuántas veces nos hemos sentido desbordados por una situación en la que esa persona ha actuado de esa forma que nos ha dolido tanto? ¿o cuántas veces nos ha sobrepasado esa situación en el trabajo generando ese enfrentamiento, provocando en nuestro interior ira y resentimiento? ¿Cuántas veces esa discusión con tu pareja parece que acaba yéndose de las manos por ese comentario, en principio sin mala intención, pero que hace surgir un ataque o crítica que tenías escondido?
La clave de todo está en pensar de dentro para fuera, no de fuera para dentro.
La solución de todo lo que nos pasa, no está en querer cambiar una situación, o una persona que nos “daña”. La solución está en pensar cuáles son las heridas que se nos muestran en cada situación. No podemos cambiar los acontecimientos que nos ocurren, pero sí podemos ser dueños de cómo nos tomamos las cosas. Podemos elegir ver cada situación con ecuanimidad y mirar para dentro.
¿Qué aprendizaje podemos obtener de dicha situación? ¿Qué emoción hace resurgir en nosotros? ¿Cómo nos hace sentir esa situación? ¿A qué situación pasada nos recuerda?
¿Qué heridas se nos abren? ¿Heridas de rechazo, de abandono, de incomprensión, de frustración, de juicio?
La vida siempre nos va a traer lo que necesitemos aprender. Si necesitamos aprender confianza y seguridad, la vida nos traerá situaciones en las que tengamos que trascender esa inseguridad, a través de acciones que veamos en nuestro ser cercano; si necesitamos aprender a amar nuestra soledad, la vida nos traerá situaciones en las que por mucha gente que tengamos alrededor, sintamos ese vacío.
Siempre la vida nos traerá aprendizajes a través de esa persona que consideramos especial, cercana, importante.
Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de la vida fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete; lo que aceptas te transforma.
Carl Gustav Jung.
¿Qué herramienta usamos para mirar dentro de nosotros entonces?
La conocida Ley del Espejo.
La Ley del Espejo afirma: “El mundo exterior actúa como un espejo, reflejando tanto nuestra luz como nuestra sombra, siendo un retrato de nuestro mundo interior”.
Hay varias formas de interpretar lo que vemos en los demás y tenemos que aprender a ser auto reflexivos y mirar dentro de nosotros.
Lo primero hay que preguntarse:
“¿Qué es lo que refleja este espejo de mí?”
- Lo opuesto. Te molesta esa persona porque es todo lo contrario a ti. Esto te enseña a que tengas que buscar el equilibrio. Es decir, si te molesta que una persona sea tan desordenada porque eres ordenada en exceso, llegando a ser intransigente, esa persona te está mostrando que quizá deberías ser más tolerante y permitirte ciertos permisos en cuanto a la limpieza.
- Lo mismo. Lo que te molesta es en realidad una parte tuya que no quieres ver. Es algo que no quieres aceptar, y lo que se resiste, persiste. Reflexiona sobre qué es lo que te perturba de esa persona y en qué situaciones actúas de la misma forma. Al verlo claramente, eso te ayudará a aceptarlo y a cambiar lo que no te guste.
- Expectativas sobre el otro. Cuando tenemos unas altas expectativas en una situación o con una persona y empezamos a ver que no coinciden con la realidad. Al idealizar a alguien o a algo y al darnos cuenta de que no es como queríamos lo intentamos controlar y manipular para que cambie y se adapte a la idea que nos habíamos formado en un principio.
Deja de intentar controlar al otro y enfócate en responsabilízate en controlar sólo las situaciones que dependan de ti. Piensa en las cosas que puedes hacer para mejorar tu vida, sin que dependas de los demás. Si tú cambias, todo cambia.
Acepta la realidad tal y como es. Deja de querer controlar.
- Cuando hacemos eso mismo a los demás. Cuando sientes que una persona te está haciendo daño por cómo actúa, pero tú actúas de la misma forma con otra persona. Ej: Si una persona tiene por costumbre hablarte mal, párate a pensar y busca alguna situación en la que tú actúes de la misma manera con otra persona. La vida te está mostrando cómo te hace sentir si una persona te trata mal, invitándote a que dejes de tratar mal a esa otra persona, por mucho que justifiques el por qué de ese trato.
Dos opciones, intentar sentirnos víctimas de cada situación, o responsabilizarnos de nosotros mismos. Aprender a usar y conocer la ley del espejo nos hará más dueños de nuestros actos, nos hará más libres y nos aportará un conocimiento interior haciéndonos más adultos emocionalmente.
Cuando te miras en un espejo y te ves despeinado, ¿a quién vas a peinar? ¿A tu reflejo en el espejo? ¿o a ti mismo?

