¿Te sientes libre de tus decisiones?¿Haces lo que quieres hacer?¿Eres coherente?¿Te imaginas cómo sería si hicieras lo que no te permites?¿Tienes miedo a ser juzgado?¿Tienes miedo a salirte del montón?¿A sobresalir y a ser señalado por ser diferente?
Uno de los factores más arraigados a nivel biológico es el sentido de pertenencia a una especie, grupo, familia. Para el inconsciente, pertenecer a un grupo es sinónimo de protección. Si un individuo no se adapta queda fuera del grupo, y cuando éramos nómadas y vivíamos en cuevas, eso significaba quedarse desprotegido y con ello la muerte. Por lo tanto en el inconsciente colectivo de los seres humanos salirse de la norma, es salirse del grupo, y, de alguna forma, ser exiliado.
Está bien y es necesario formar parte de un grupo, porque somos seres sociales, pero ¿a costa de qué? ¿de perder nuestros valores y principios?¿De perder nuestra coherencia con nosotros mismos?
¿Dejamos de hacer lo que sentimos por miedo a ser juzgados? El juicio del que tienes enfrente no es más que una proyección de su propio juicio. Por lo tanto, si actúas en base a lo que digan los demás, nunca lloverá a gusto de todos. Cada uno vive su realidad, ha tenido sus vivencias que le condicionan para actuar de una u otra manera.
Hay un dicho que dice: si hubieras nacido en la misma familia que una persona, en el mismo país, hubieras tenido la misma forma de pensar, hubieras tenido las mismas experiencias, la misma cultura…habrías actuado de la misma forma.
Entonces, hay que comprender que cada persona tiene las experiencias exactas que necesita para su aprendizaje. Que tus decisiones no dependan de lo que piensen los demás.
¿Dejas de hacer cosas por lo que pueda pensar la gente? Eso incluye no salir de la zona de confort en todos los aspectos de la vida. ¿Vives la vida que quieres vivir?¿Tienes el trabajo que quieres tener?¿Tienes la pareja que quieres tener?¿O te conformas con lo que te “ha tocado”?
El miedo es lo que nos paraliza muchas veces a atravernos a dar el salto, a decir lo que pensamos con respecto a algo, a evolucionar.
Nos han hecho pensar en esta sociedad que somos insignificantes, que tenemos que seguir al rebaño para estar protegidos, a hacer las mismas cosas, a tener la misma vida, a comprar las mismas cosas para pertenecer a determinadas tribus urbanas, a tener las mismas conversaciones, a no hablar de frente, a poner buena cara cuando no nos apetece. Cuando alguien se atreve a actuar diferente, ya no es sólo la autoridad la que le veta, son los mismos miembros de su grupo los que señalan, rechazando la autenticidad de esa persona. Si esa persona no tiene la seguridad suficiente o el miedo se apodera de ella, será capaz de volver a pasar desapercibida. Se infravalora.
Pero somos más que eso, somos seres que somos capaces de crear nuestra propia realidad. Somos esclavos de ciertas creencias limitantes que nos hacen repetir las mismas situaciones una y otra vez; pero también podemos empezar a ser dueños de creencias que nos potencien para sacar todo nuestro potencial.
No tengamos miedo de decir lo que pensamos, de actuar de forma diferente, de romper cadenas que nos atan. Muchas veces el juicio de los demás es el deseo oculto que tienen de hacer aquello que juzgan, pero que no se ven capaces de hacer, y por tanto lo critican.
Vamos a ser el ejemplo que queremos ver en los demás.
Vamos a ser una sociedad más coherente. Cuanta más gente sea coherente, menos miedo tendrán de mostrarse los menos atrevidos. Y podremos llegar a esa masa crítica y hacer un cambio de conciencia a nivel colectivo.
Piensa globalmente, actúa localmente. No juzgues a la sociedad en general, a los políticos, a los bancos, a las religiones. Al fin y al cabo, todo lo que está arriba, todas las instituciones de las cuales nos sentimos dependientes y a las que juzgamos, no son más que el reflejo del inconsciente colectivo.

